Lección de vida #1

Querer debe ser algo así como correr detrás del autobús que ya has perdido o como un cáncer que te gana. La frutería árabe de la esquina abierta a deshora. O lo mendigos que duermen en las sucursales bancarias, riéndose ironías por no llorarlas.

Querer debe ser algo así como tu mirada cambiando de estación o verse perdida pero llegando a tiempo. Ver las resacas caer por tu nombre mientras las arterias mueren de sueño o subir al noveno piso del vértigo y estrellarse al vacío de tus ecos.

Querer debe ser algo así como no saber que poner en Facebook cuando te pregunta por tus recuerdos favoritos o conducir con la radio apagada por escucharte como un postdata. Tumbarse a esperar en el fondo de un vaso roto o tragarse el pánico en la incertidumbre de una realidad pausada.

Querer debe ser algo así como el lirismo de un domingo, la falta de sueño o el exceso de palabras. Atravesar la ciudad en bicicleta, pedaleando contra los semáforos. Estrellarse con unas lagrimas inexplicables con la seguridad de atreverse a atravesarte algún día.

Querer debe ser algo así como inventarse que existes para darle coherencia a una realidad ebria o buscarte hasta enterrar en tu pecho un futuro cirrótico y hecho jirones. La acumulación de folletos de comida a domicilio que te invita al hambre o el brindis de lluvia con sabor a olvido.

Querer debe ser algo así como matarse de miedo o morirse de risa, que Twitter te pregunte en que piensas y solamente imaginar el puñal de unos ojos huecos.

Querer debe ser algo así como una herida abierta y un mundo en el que, si me miras, no sangra.

 

Anuncios

ABIERTO EN CANAL: Sombras Tenebrosas (O las fiestas del pijama de Burton)

Nota del autor: Expliqué en mi primer post de esta sección en que consistía, si alguien tiene dudas puede clickar en Abierto en canal: 50 Sombras de Grey (O 50 odas a lo insano)” y obtendrá la explicación. Dicho esto, iré directa al grano.

Nuestra invitada de hoy es Sombras Tenebrosas (sí, tengo un fetiche extraño con las sombras, nada que no pueda medicarse) que muy lejos de ser su mejor película veo necesario hacer mención especial al director de esta, mi querido Timothy Burton.

La película tiene ya su tiempecito (2012) y, de hecho, no es la primera vez que realizo una crítica sobre ella. Hará cosa de un par de años escribí un artículo similar para la revista de mi instituto (que, por cierto, no me publicaron) y pensé que me ensañé con ella por el hecho de no estar a la misma altura que el resto de películas de uno de mis referentes del cine. Dos años y unos cuantos meses más tarde, hoy, dejando a un lado las comparaciones y pensando – en que mal momento se me ha ocurrido, vaya – que mi visión de Sombras Tenebrosas había cambiado, he vuelto a verla. Ahora mismo puedo afirmar que hay cosas que con el tiempo no mejoran, todo lo contrario. 

Yo no sé en que estaría pensando Burton (lo vuelvo a decir, un hombre por el que siempre he sentido verdadera admiración) cuando llevó semejante ovillo de incoherencias, maquillaje  y mierda a la gran pantalla. Está bien, argumentalmente puede tener la excusa de ser una adaptación de la pequeña pantalla del año de la polka, okey, es pasable, ¿no? Hay muchas películas que no tienen ningún tipo de argumento y nos hacen reír, nos entretienen e incluso salimos de la sala (ya sea de cine o vuestra habitación) con la sensación de haber invertido hora y media – dos horas o incluso más – en algo que nos ha hecho felices pero es que ni con esas atinan, señores. Todo el partido que se habría podido sacar es tristemente anulado por la carencia de emoción alguna en el film. 

En un intento (bastante en vano) de magnificar la película nos ponen a Michelle Pfeiffer como una madre que lucha por salvar el honor de su família y limpiar el apellido Collins; para mí gusto, la única del reparto por la que doy un pase a la película ya que, independientemente de la psicología del personaje, la tía se luce en el papel. Fiel a su colega Timmy, el aclamado Johnny Depp, conocido también como el tío de los maquillajes raros en el mundillo de Hollywood, que da vida al protagonista (como no), Barnabas Collins, un muchacho al que le van los aquí te pillo, aquí te mato con las sirvientas de su casoplón y le hace un heartbreaker a la loca del coño de turno (Eva Green) que resulta que es una bruja que lo convierte en vampiro (un dramón que ni Federico Moccia), total, que para no dejarle ni un gramito del cuerpo a Depp sin maquillar, le ponen ojeras, miel con colorante, unos colmillacos que ya les molarían a los Cullen y un traje digno de la tía abuela Tessi de Ronald Weasley, haciendo de él, de nuevo, un bufón extravagante bastante cansino. Por último, la inevitable presencia de la preciosa Helena Bonham-Carter cuyo papel es vacío y plano como una tabla de planchar, nada destacable.

¿Y por qué hablo de Helena, entonces? Porque es otra de las cosas que me huelen a chamusquina ya de las películas de Burton, la presencia constante de su ahora ex mujer y su mejor amigo. Cierto es que en anteriores films han destacado como pocos y ha sido un dueto que me ha hecho reír como ninguno pero ya se sabe: lo bueno, breve, doble bueno.

En conclusión, sabiendo que me habré dejado muchas cosas en el tíntero por falta de ganas, tiempo y decepción (sí, Timmy, me has decepcionado), creo que lo único salvable de toda la película, aparte de la ya mencionada Michelle, es la música sesentera y algunos de los escenarios. Es una película que no recomendaría a nadie pero sé que, en algún otro momento de mi vida, volveré a ver con la esperanza de encontrar algún tipo de gracia o sentido, de ilusiones se vive, arqueoptéricos.

Abierto en canal: 50 sombras de Grey (o 50 odas a lo insano)

Nota del autor: Me gustaría explicar antes de que empecéis a leer este post qué es y en qué consiste “Abierto en canal”. Para empezar, Abierto en canal será una de las secciones fijas de mi humilde morada cibernáutica; supongo que dicha expresión os hace evocar a todos la imagen de una cosa partida en dos, dónde puede verse el contenido interno de la cosa en sí, ¿no? Pues precisamente en eso consiste esta sección: en destripar, abrir y criticar – tanto de buena como de mala lengua – ciertas “obras” que están – o estarán – en el mercado literario y cinematográfico. Dicho esto, comencemos.

He escogido 50 sombras de Grey como primera estrella invitada porque, como muchos ya sabréis, tiene de por sí bastantes detractores y las críticas suficientes como para no sentir una chispilla de curiosidad interna hacia el tema en general.

Recuerdo la cara de poema (de Baudelaire, mínimo) que se me quedó la primera vez que escuché a alguien hablar sobre la saga y su masiva oleada de comentarios – en su gran mayoría de féminas de más de 40 años -. Y no es que la recuerde por el libro de E.L James, qué va, sino por quién trajo dicha información a mi vida: mi tía. Tengo que decir que me gusta leer y suelo estar bastante puesta en temas de best sellers y novedades literarias – La Casa del Libro me manda correos cada dos por tres, sí – y ya había leído algunos comentarios acerca de la “opera prima” de la señora James. En muchos de ellos se etiquetaba al libro de majestuoso – sí, señores, alguien empleó tal adjetivo para calificar tal basura; lo nunca visto – y un magnífico ejemplo de introducción al mundo del BSDM. No voy a negar tampoco que soy una chica bastante curiosa y que esos temas del sexo prohibido y el gusto por el morbo los llevo casi impresos en el ADN pero, sin irme por los cerros de Úbeda, que me estoy viendo venir, vuelvo a aquel momento sorpresivo que me brindó mi familiar. Sabiendo lo que ya sabía de 50 Sombras de Grey, pensé que mi tía se había vuelto loca. Me dije a mí misma – bastantes veces – que posiblemente no tuviera ni idea del contenido del libro pero se ve que sí, sí que lo tenía y tras mucha insistencia indirecta decidí que no iba a juzgar antes de leer – esto lo hago con todo libro que pasa por mis manos – y me embarqué en la “emocionante” aventura del señor Grey y Anastasia Steele.

Vale, hasta aquí todo claro, ¿no? Bien pues, en el mismo instante que acabé de leer quise borrar los tres días que había invertido en digerir semejante deposición de Lucifer. Os puede sonar exagerado y quizás lo sea pero, de verdad, sentí que aquella chispa de curiosidad simplemente habían sido gases y que había desperdiciado totalmente unas horas maravillosas de mi vida.

Dejando de lado la incoherencia y lo fantástico – nada tiene que ver con el género fantástico o de ciencia ficción literario – del argumento porque las fuentes* y su sinópsis hablan por sí solas, vayamos al tema de la doble cara del libro. La señora James pinta a Christian Grey como el príncipe azul que alguna vez deseó que se metiera entre sus carnes y de príncipe tiene lo que yo de rubia, que es más bien nada. A los ojos de muchas – y soy mujer, y trato de no encasillar en general a nadie porque es algo que realmente me frustra pero es lo que hay – también es visto como el hombre que quieren para su día a día. Para quién sabe leer entre líneas y ver el alma de un libro (y son años y años de lectura llegar a entender este mecanismo), Christian Grey es un niñato malcriado repletito de traumas infantiles, dotado de una importante fortuna y también de unas característica humanas paupérrimas (características tales como maltratador, acosador y manipulador entre otras) que le conceden ese puntillo de chico malo y rebelde que siempre, siempre, siempre consigue lo que quiere, en este caso a nuestra virginal protagonista, Anastasia Steele, que por otra parte entra dentro del cánon de mosquita muerta que, más tarde, ¡oh! ¡sorpresa! resulta ser que le mola que le den zapatilla por detrás poseída por el ritmo ragatanga (bendito Loulogio y sus parodias) y que, además, se siente como una diosa privilegiada – si os habéis leído el libro sabréis a que hago alusión – por ser el platito caliente del tipo rarito, guapo y misterioso.

50SdG, digáis lo que digáis los fieles seguidores, no es más que una oda al maltrato, una manera desesperada de reclamar cambios que necesita la autora en su vida y una llamada de atención para aquellas (y aquellos) que tienen la mente plagada de chaladurías con respecto al tema amoroso-sexual, empezando porque el amor no tiene nada que ver con dejar de ser libre y terminando porque pretende contar experiencias dentro de un mundo tan delicado como lo es el BSDM, todo esto sin haberse documentado una puta mierda sobre ello (personalmente, lo único que me sonaba fiel a la realidad de todo el libro era el contrato y seguramente esté sacado de la lista de jueguecitos sexuales que hay en Wikipedia, de la que todos disponemos con tan solo teclearlo).

Sobra decir que no tropecé con la misma piedra y dejé estar la historia dando por finalizado el primer libro, ya que es el primero de una trilogía que, por lo que me han contado, reduce a cenizas todo lo “erótico” que envolvía al primero y pasaba a ser una historia de casto, perpetuo y enfermizo amor.

En conclusión, arqueoptéricos, si estáis buscando algo novedoso y diferente para leer y amigos, conocidos o cercanos vuestros os recomiendan 50SdG, sacad el crucifijo y el agua bendita, alejaos cuanto podáis y bloquead a esa persona en todas las redes sociales, de verdad. Y a los que buscáis emocion en vuestra vida, hacedle un favor a la humanidad, compraos un cubo de rubik y así sentiréis que vuestro tiempo ha sido empleado en algo útil.

Gaïa Belfast.

*Con respecto a lo de las fuentes, la autora afirmó en una entrevista que la saga estaba basada en Crepúsculo y que empezó como un fanfic que se dedicaba a escribir en una web tipo Wattpad. Ya sabéis, todos a escribir las escenas más calenturrientas de Romeo y Julieta, llegaréis muy lejos.

Las cosas por su nombre.

La casualidad ha querido que volviese a las andadas de una forma muy similar a lo que ya era, supongamos que la vida va de eso: de reinventarse y evolucionar – nunca dicen que para ello no hace falta dejar de hacer las cosas que te gustan, ojo -.

No sé que hago aquí, la verdad. Y no lo digo por ser sincera con vosotros sino porque al final harta mentirse a una misma, aunque sea en las cosas más sencillas. No tengo ni idea de que espero de esto pero sí lo que no espero. Obviamente no espero que un cazatalentos llegue a parar aquí y me dé un sueldo de por vida por escribir gilipolleces – os tengo que decir que ni lo espero ni lo quiero, en primer lugar porque escribir bajo presión me estresa y, en segundo lugar, no me nace en absoluto escribir sobre algún tema que me importe una mierda. Tampoco espero que nadie me lea – aunque si lo hacéis, sois bienvenidos, no voy a negaros que os regocijéis en la mierda conmigo, ¿a quién no le agrada compartir lodo vital? – a pesar de que un blog se cree para eso. Dígamos que es un proyecto de vida, ¿no? Como un rescate a mano armada – con tinta y papel (o en su defecto, un teclado manchado de cosas pegajosas, jeje) – y también un desafío a aquellos que pretenden callar mi voz – que los hay, ojo, poca broma con esto -.

Con las cosas claras y el chocolate espeso, doy por inaugurado el blog más fósil y realista que he dirigido hasta la fecha. Dixit. Buenas tardes, arqueoptéricos.