Día uno después de.

El sonido de una ambulancia atraviesa el alba. Y no sé si se acerca o se aleja. No sé si estoy de fiesta y me recogen de mi realidad etílica o si la he oído pasar dirección catástrofe.

Nos despedimos, al día siguiente madrugabas. Sonaba “Creep” de Radiohead desde el balcón en penumbra que coronaba mi acera. Yo garabateaba algunos versos sobre un papel arrugado. Decidí quedarme escribiendo hasta que se apagasen las farolas de mi Septiembre extraño. Me tomé la eterna penúltima cerveza para celebrar en soledad haberte encontrado.

La caligrafía no tenía ni un rasguño de rabia.

Entonces, volviste y el balcón bajó la persiana. Sonreí.

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