y de repente, tú.

Nos conocimos
a las 21:37 de la noche
o, al menos, eso marcaba
el reloj de la parada.

llevabas máscara
y yo fingía no mirarte,
no morirme por ver tus ojos,
de cerca.

Y me da igual, ahora
si te inventas la mayoría (todas)
de las letras de las canciones
– incluso me gusta –

Y, ahora, después de la primera noche,
de tenerte en todos los portales
y de que la luna se instale en mi pecho;

después de mis caras absurdas,
del corazón que latió ocho veces
por cada ocho segundos,
sé que he vuelto a ese día
(todos los días)
y te he mirado a los ojos, de cerca,
y creo que nunca había sido
tan feliz.

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