I Fase: Duelo.

Diría que se ha apagado alguna desconocida estrella en la galaxia, pero ambos sabemos que tú eras más de carteles de neón. Dígamos que un bar cerró, que el barril de cerveza se agotó, que explotaron las bombillas de algun letrero titilante. No sé, el caso es que te has ido y ahora no sé muy bien que utilidad encontrarle a la K del abecedario si no es para nombrarte. No sé, el caso es que ya no estás y se me hace muy raro no sentirte cerca mío, como lo estuviste siempre, desde que éramos dos niñatos en pañales.

Sé que es fácil decirlo, sé lo de los tópicos y lo que concierne despedir a un muerto. Que bueno era, que bien me hizo, como voy a extrañarle. Pero no, ¿por qué hay que ponerse a escribir cosas bonitas? Yo tengo más de un centenar de recuerdos contigo y sí, eras bueno, pero también eras un puto idiota. Gracioso, pero un capullo en potencia. Y eso de hacerme bien… Pedazo de mamón, no recuerdo una ocasión en la que no intentases matarme. O yo a ti, todo sea dicho. Cosa que me hace recordar que hace poco nos habíamos declarado inmortales y has faltado a tu condición, ¿ves? Siempre has sido incapaz de cumplir una promesa. El James Dean de la familia, decía Jorge. Y tú. Y yo. Y todos los que nos cruzamos contigo.

¿Qué si voy a echarte de menos? Mucho. Las mareas turbias se han llevado a mi Segundo de Abordo, seguro que ahora la tripulación se me rebela y me viene que si motín pa’ arriba, motín pa’ abajo y yo sola con el timón puedo, pero cuesta. No sabré de quién quejarme cuando no me envíes fotos de berenjenas partidas a las cinco de la mañana ni me robará nadie mis cosas para ponerlas a la venta en eBay. Se baja el telón y aparezco yo sola vestida de flockorica intentando imitar a Delito y Pecaminosa, pero sin ti no es lo mismo.

Y te odio. Y te quiero. Y te odiaré y te querré siempre. Mucho. Con toda mi alma. Y te seguiré escribiendo ¡maricón! – sí, entre exclamaciones – por WhatsApp para intentar llamar tu atención, estés en el rincón que estés del infierno; para no ver el maldito check azul que te quitaste y así, por lo menos, pensar que en algún momento me contestarás.

Contigo, en fin, viví todo y crecí. Me fui y volví. Te fuiste y volviste. Y has estado siempre ahí, al pie del cañón, sosteniéndome. Ahora me toca a mí, he tomado el relevo. Adiós, jodido idiota, hasta siempre.

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