Hoy me toca a mí.

Hay días en los que parece imposible tener fuerza. Sí, esa que, en otros casos, vas y la sacas de bajo de las piedras, pero es que hay días en los que no la encuentras en ninguna parte.

Hay días en los que te falta algo. O alguien. Y te da pavor decirlo en voz muy alta porque, ¿cuántas veces se lo habrás repetido ya?

Hay días en los que te sientes tan sobrante que pasas las horas con la cabeza agachada, callada y la mente más en otros mundos que en el real.

Hay días que necesitas colgar el traje de heroína en el perchero y que te cuiden, te abracen y te salven un poco a ti también.

Hay días en los que te duelen tanto los huesos que se te cala hasta el alma y te da miedo no desprenderte nunca de esa losa. Y pesa, pesa mucho.

Hay días en los que te sobran todas las palabras.

 

 

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Versión I – Declaración de intenciones.

Por supuesto que necesito de ti.
Necesito que me llames por teléfono cuando quieras. Sin pedir permiso.
Aunque sea para decir “te quiero” y me cuelgues.

Necesito que te recuestes sobre mis piernas. Y leerte en alto un fragmento de algún libro que me guste. Y me digas qué sientes al escucharlo, y yo decirte porque me he emocionado al leerlo. Quizá me recuerde a algo, a alguien, a ti.
Necesito que me digas “guapa” porque, a veces, en los días tontos, me siento muy, muy fea. Necesito que me comas entera y te lleves con la lengua el montón de pensamientos horribles. Necesito sentir que me deseas, pero no como al sushi, sino que desees hundirte en mí, enterrar la cabeza en mi cuello, clavarme los dientes en el pecho.

Necesito que cuides de mí, aunque no te lo diga, no es que no sepa hacerlo sola, pero no sé, me siento mejor si me besas y me dices que todo saldrá bien.
Necesito que crezcamos, juntos y separados. Admirarte, aún más, por todo lo que eres cuando yo no estoy.

Necesito que me abraces. No hace falta que sea en todo momento, estoy contenta con estrecharte un ratito. Porque los monstruos sí que existen, aunque vivan dentro de uno mismo y, claro, necesito sentirte presente, no que busques lo mejor para los dos, tan solo que estés.

Necesito que me acompañes, porque puedo sola, pero no quiero sola. Porque contigo soy consciente de que amo y me han amado. De que he estado en el mundo y el mundo ha estado en mí. Porque si estás, sé que aproveché la oportunidad de ser y hacerte feliz.

Y me darán igual los regalos.
Y me darán igual las fechas.
O que, en ocasiones, no recuerdes las cosas que te digo.
O que, a menudo, las cosas no salgan como yo querría.
Me dará igual todo si tú eres feliz. Me dará igual si he pasado dos días contigo, y que si se convierten en ochenta años, ¡pues, joder, maravilloso!, pero si son dos días, ¡qué dos días! – como dices tú -.

Te prometo que guardaré aquí dentro todo el tiempo que hagas mío, junto a todas las cosas bonitas que me han pasado.